domingo, 26 de abril de 2015

¿Aceptar o entender?

¿Aceptamos a las personas? ¿Las entendemos? ¿Ambas o ninguna de las dos?

Aceptar significa dar por bueno una cosa, aprobarla.
              también: admitir, conformarse.
Entender significa comprender, captar el sentido de algo.

Cuando amas o quieres a alguien, y anhelas que esa persona continúe en tu vida porque la necesitas, tu mente, de forma automática, cambia. Cambia para aceptarla, porque no quieres perderla.

Sin embargo, si no llegas a entenderla, puedes probocar una reacción de rechazo en ella hacia ti, ya que, aunque intentes ocultarlo, desearías que cambiase a un estado que tú pudieses entender mejor. Debes saber que, por mucho que lo desees, no va a cambiar. No va a modificar sus pensamientos, su forma de actuar solo porque tú necesitas que sea como antes, cuando la entendías bien.

Si quieres que no te rechace, debes dejarla libre, sin ocupar su espacio vital, sin intentar controlarla.

He llegado a la conclusión de que, aunque dices que me aceptas, no lo haces del todo, pues aunque no me eches de casa, no me dejas libre, siempre he de estar bajo tus reglas. Tampoco intentas entenderme. En todo momento pretendes convencerme de que tus actos son los mejores, que estás salvada... Siempre necesitas la aprovación de la gente.

Yo te comprendo perfectamente, sé cómo eres en realidad, pero no pienso como tú. Tampoco apruebo lo que haces con respecto a mí, por lo que no te acepto. Sin embargo, no me queda otra más que convivir contigo hasta que pueda independizarme.

domingo, 12 de abril de 2015

Bueno, ¿y por qué no?

Te dije que tenía un blog, y así es, pero nunca quise decirte nada. Quizás la magia de este sitio se acabe en cuanto lo leas, no lo sé. Quizás no. Pero al fin y al cabo ya me conoces lo suficiente como para saber que estoy loca, así que ¿qué mas da? La vida sigue. La vida es riesgo. Adelante, adéntrate, busca y descubre un trocito de esa parte que no muestro a nadie, solo a ti.
Te quiero, más que a cualquier otra persona.

Una forma fácil de separar la ropa en la lavadora


martes, 28 de enero de 2014

Ella

Llego y allí está, con su melena rubia ondeando al viento, perfecta, extremadamente sexy... ¿Qué más se puede pedir? Y me sonríe, y sé que es mía; yo siempre suya.
Sus ojos verdes, pero marrones al mismo tiempo, me miran inquietos y yo la observo, me acerco y la abrazo... Me besa, la beso.

Así empiezan nuestros días, siempre.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Acaso realmente yo no te importaba?

Todavía recuerdo ese primer día en el que nos conocimos y coincidimos en tantas cosas que nos hicimos amigos.
Pero hoy todo eso, creo, se ha perdido. Miro nuestra mesa de clase, donde solías sentarte a mi lado, y aún quedan nuestros garabatos, los dibujos de tus explicaciones, mis caritas alegres o tristes según el día y tus por qués escritos a lápiz. De repente me ignoras, ya no me miras, y cada sonrisa que ya no me lanzas, me duele en el alma. Se acabó, así de fácil, así de rápido, así de cruel. No he tenido suficiente tiempo para decirte lo mucho que me encantabas. Esa complicidad se ha marchito demasiado rápido, y no me lo puedo creer.
¿Por qué no has aceptado mis disculpas? ¿Por qué? ¿Acaso realmente yo no te importaba?